Unión Europea: la miserable decadencia de un OPNI (objeto político no identificado)

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Por Manuel Cobo.

Estamos asistiendo en los últimos años y más aún en estos últimos meses, acentuado con la guerra en Siria y el surgimiento del Estado Islámico, a un fenómeno de inmigración masiva que está dejando en evidencia un proyecto que el observador más avezado ya intuía que no iba a ningún lado. Hablo de la UE. Ese mostrenco político lleno de burocracia, felices ideas y buenas intenciones que ha sido y sigue siendo incapaz de afrontar los problemas que se le presentan.

El Frankenstein político al que pertenece nuestro país tiene su origen en el Tratado de Roma de 1957. Ya unos años antes, se había constituido la CECA. Pero más allá de repasar la historia de los antecedentes de la UE, me gustaría reflexionar sobre la utilidad de dicha institución o proyecto. Porque esa es otra.

¿Qué es la UE? Es un proyecto común de unos cuantos países europeos que compartimos unos valores comunes. Eso nos dijeron al menos. La realidad nos dice claramente otra cosa. Hace unos años me creía esa definición. Estudié el Convenio de Derechos Humanos, los reglamentos, las directivas, los tratados. En definitiva, toda esa panoplia legislativa.

Como digo todo lleno de ideas brillantes. No lo niego. Compartir una moneda común, que las personas puedan circular libremente, el espacio de justicia europeo, etc. Incluso hubo un proyecto de constitución europea que se votó en referéndum. ¿Os acordáis?

Luego la realidad poco a poco ha ido desmontando ladrillo a ladrillo el edificio. Aunque quizás si tus cimientos son endebles solo con una ligera brisa todo se puede venir abajo.

¿cuáles son los objetivos reales de la UE? ¿Que sus países juntos sean más competitivos económicamente? Cedemos soberanía pero solo a ratos. Cachitos pequeños. ¿Cada miembro tiene el mismo peso? Se puede ser de un club y tener privilegios respecto a otros. ¿Los que tienen más deben ayudar a los que tienen menos siempre? ¿O solo hasta cierto punto? ¿Es una Europa social lo que estamos viviendo?

En fin, que tengo más preguntas que respuestas. Aunque, desde luego, alguna certeza si que albergo.

Para empezar, que esta copia mala de unos Estados Unidos de Europa está naufragando. Que aquel muro que cayó en Berlín ahora es más grande, tiene pinchos (no concertinas que suena mucho menos crudo) y recorre prácticamente todos los límites de nuestro continente para dejar morir ahogados, o de hambre o frío a miles de personas, familias enteras, niños incluidos; que huyen de la guerra, el Estado Islámico y en definitiva del infierno.

Y sí puede que mi artículo suene demagógico. No soy ajeno a las voces que dicen que aquí ya tenemos suficientes problemas, incluso que vienen terroristas infiltrados entre ellos. Qué cómo los atendemos, etc. Por cierto, juraría que se firmó un acuerdo de reparto de refugiados.

No soy un mago. No tengo soluciones. Solo soy un mero observador con algo de sensibilidad aún. Y el tema de los refugiados no es más que una excusa. Un asunto de primera necesidad que requiere inmediatez. Y, al igual que ha pasado con otros asuntos (crisis económica, terrorismo, deuda pública, Rusia, Reino Unido, racismo…), la UE no solo no ha hecho nada o ha manifestado su inutilidad, sino que yendo más allá en su estulticia, mira para otro lado o peor aún firma acuerdos para que otros hagan el trabajo sucio.

Y también es cierto que esta crisis humanitaria no es solo culpa de Europa. Pero de verdad, ¿la UE y sus países miembros no podemos hacer algo más? ¿No hemos aprendido nada de nuestro pasado reciente?

Si seguimos impasibles ante esas imágenes que nos muestran un día sí y otro también lo miserable que podemos llegar a ser como especie, volveremos a ser como el niño del tambor de hojalata. Testigos extraños de un horror indescriptible. Ese bucle espantoso llamado Historia.

No seamos testigos por una vez. Seamos protagonistas y hagamos algo. Por favor, creo que somos mejor de lo que estamos demostrando hasta el momento.

Juristas Desencadenados, 2016.

Violencia de género: la lacra de la sociedad española que debe terminar

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Por Manuel Cobo.

La violencia de género muy a nuestro pesar continua siendo de actualidad. Desde el gobierno central, los autonómicos, los ayuntamientos y en general las administraciones públicas se han buscado y se siguen buscando soluciones para erradicar esta lacra. También es encomiable la labor de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, la sanidad y el ámbito de los profesionales de la psicología.
Desde el punto de vista jurídico, el hito más reseñable de los últimos tiempos es la aprobación de la Ley 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Ley que supone un antes y un después modificando varios artículos del Código Penal y creando tipos nuevos; además de la novedad del establecimiento de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer.
Más recientemente se ha introducido una modificación a la mencionada legislación, con la Ley 7/2015 de 21 de julio. Las novedades más significativas que me gustaría resaltar son:

Un nuevo artículo 87 Ter de la Ley Orgánica del Poder Judicial (En adelante LOPJ) que amplía la competencia objetiva de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer a los delitos contra el honor, intimidad personal e imagen. También al delito de quebrantamiento de condena (468 del Código Penal), cuando la víctima es una mujer víctima de violencia de género.

Adecuación también de este nuevo 87 Ter de la LOPJ a la modificación del Código Penal (Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo) por el cual desaparecen las faltas y los denominados delitos leves que tengan relación con la Violencia de Género también pasan a ser competencia de estos juzgados especiales de instrucción.
Por último, reseñar que se garantiza a las víctimas de este tipo de violencia una asistencia técnica y profesional integral por parte de los equipos adscritos a la Administración de Justicia, en especial, en el ámbito de los Institutos de Medicina Legal y Ciencias Forenses (Artículo 479 LOPJ).
Las medidas cautelares pueden mantenerse hasta la firmeza absolutoria de la sentencia. Aunque es necesario que el juzgado de los penal realice un pronunciamiento expreso sobre la necesidad del mantenimiento de dichas medidas. Artículo 69, Capítulo IV de la Ley 1/2004.
Y después de todo lo expuesto y unos cuantos detalles legales más que sería demasiado árido detallar a efectos de este artículo; hay que decir que en nuestro país siguen muriendo asesinadas mujeres a manos de sus parejas hombres. Por cierto, servidor no va a entrar en el debate absurdo y comparativo de que también los hombres sufren violencia a mano de sus parejas mujeres y de la violencia entre parejas homosexuales, ya sean gays o lesbianas. (Claro que existe y nadie lo niega).
Me centro en la violencia ejercida por parte de la pareja o marido hombre sobre la mujer porque entre otros motivos es de la que se ocupa con mayor y especial atención el legislador; (independientemente del color político del gobierno de turno) puesto que se trata de un problema que lejos de erradicarse continua persistente en nuestra sociedad. A las tristes cifras me remito.
¿Qué sucede en la sociedad española? ¿Por qué a pesar de tal batería de medidas este fenómeno tan repugnante no cesa?
Es verdad que se han puesto en marcha desde hace años campañas de concienciación, servicios de ayuda a la mujer maltratada. Que las penas para el maltratador y asesino se han agravado. ¿Ha cambiado algo?
Bajo mi humilde punto de vista subyacen problemas en nuestra sociedad que son impermeables a todas estas propuestas y modificaciones legales.
Y hago especial énfasis en los hombres. Aquellos que mantenemos una relación sana y de respeto entre iguales con nuestras amigas, parejas, madres, abuelas, etc. Somos nosotros los que tenemos que dar un paso adelante en determinados foros públicos cuando contemplamos escenas de machismo o micromachismo. Creo que es a partir de pequeños gestos como se cambian las cosas.
Y desde luego el Derecho no puede arreglar situaciones que ya están enquistadas de forma tan lamentable en una sociedad. Las leyes son el último recurso cuando todo falla. Y muchas cosas parecen estar fallando si cada día tenemos que desayunarnos con noticias de este tipo.
Por tanto antes del Código Penal, las medidas cautelares, las órdenes de alejamiento o el teléfono para la mujer maltratada; deben ponerse en marcha otro tipo de herramientas. Porque todas esas cortapisas y penas son a posteriori del hecho delictivo, cuando ya no tiene remedio. Y la supuesta función de prevención general del ordenamiento jurídico penal es ineficaz, o cuanto menos inapreciable a todas luces.
Hay que poner el foco en qué estamos haciendo mal como sociedad. Porque está claro que estamos haciendo algo mal cuando es algo tan generalizado.
Implicarse en todos los ámbitos y desde luego y sobremanera poner el foco en el antes. En la educación. Cuando aún hay remedio. Cuando la persona está aún en formación. Contra más temprana edad mejor. Que en nuestros centros escolares existan asignaturas que promuevan una serie de valores básicos que provoquen un cambio real y efectivo para que nuestras amigas/compañeras puedan sentirse seguras. Para que por fin en España ser mujer no entrañe un peligro en sí mismo y los hombres no nos tengamos que avergonzar de nuestro género cada vez que visionemos un telediario.
No creo que sea utópico pensar que como sociedad podemos ser mil veces mejores de lo que estamos demostrando hasta el momento.
Queda muchísimo por hacer. Pero resignarnos no es una opción.
Desde Juristas Desencadenados seguiremos aportando nuestro humilde granito de arena y llamando la atención sobre este y otros temas que preocupan a los españoles.

Bibliografía:

Juristas Desencadenados, 2016.