El eterno caso Racing

celebracion (27)

Por Manuel Cobo.

Envidio la cultura de club del Athletic de Bilbao. Escribir esto nada más empezar un artículo sobre el Racing es políticamente incorrectísimo en mi tierra. Soy plenamente consciente de ello. Y aunque no vivo el día a día de los del botxo; percibo que allí su equipo es sagrado y los líos institucionales surgen muy de cuando en cuando. Y si vienen mal dadas, la unión es mayor. Quizás sea una percepción errónea.

Sé que es injusto comparar y también sé que el carácter y la forma de comportarse de vascos y cántabros es muy distinta.

Pero no es menos cierto que el Racing de Santander, de un tiempo a esta parte, es un caso digno de estudio. Aunque desde luego no es el único club o, mejor dicho, S. A. D. que tiene sus “cosillas”. Pero yo hablo de mi equipo. El que me toca más de cerca. El que me duele. Y desde hace unos años he visto desfilar por El Sardinero a personajes esperpénticos. Cada nuevo infraser superaba al anterior en ruindad. Todo muy estrafalario. A ello hay que añadir la insoportable contaminación política o la surrealista división de la sociedad entorno a su buque insignia deportivo. Todo ello ha despertado en mi sentimientos encontrados que intento expresar de algún modo en este artículo de desahogo.

Quizás sin todos estos agentes externos el Racing no estaría en el pozo de 2ª B, del que afortunadamente parece que podemos salir en breve. Pero el fútbol ya sabemos cómo funciona. En todo caso, es la fractura social lo que me preocupa. La sensación triste de que el Racing se ha convertido (quizás lo ha sido desde tiempos remotos pero no se hacía a la luz de la opinión pública de los cántabros) en moneda de cambio de unos y otros; en una pelota que va y viene en el debate político. Todo eso aleja al ciudadano menos apasionado de su equipo.

Espero que la justicia, más pronto que tarde, dicte las sentencias que procedan. Que paguen los que tienen que pagar. Y dejemos de ver en portada de los medios cántabros el nombre de nuestro club vinculado a presuntos chorizos.

Que el Racing juegue su futuro en el césped de los Campos de Sport y no en Las Salesas será una buena señal.

Y es que ser aficionado de un equipo humilde pero histórico, pequeño pero orgulloso, no es nada fácil. Un club centenario de una pequeña ciudad (Santander) y una comunidad autónoma (Cantabria) reducida en extensión pero grande en todo lo demás; tiene sus pros y contras. Para empezar muchos aficionados, entre los que yo me incluyo, tenemos dos equipos en el corazón. Eso se percibe desde una parte del racinguismo más pasional como una traición.

Yo no lo veo así. Uno encuentra sus afectos y se hace de un equipo por arraigo, por familia y normalmente en un momento concreto de la infancia. Eso le pasa a servidor. Soy del Racing porque soy cántabro. Me siento representado por sus colores. Por su escudo. He ido a El Sardinero desde pequeño y siempre quiero que mi equipo, el equipo de mi tierruca, de La Montaña (cómo mola ese nombre) gane. Y soy del Real Madrid por familia. Y no tengo que pedir perdón por ello.

Igual que tengo amigos que son del Racing y del Barcelona. Y otros que son del Racing y nada más. Lo que intento expresar es que el Racing para nosotros, para nuestra tierra es algo que hay que cuidar como un tesoro. Algo que debe estar fuera del juego político. Que tiene que existir un sentimiento de unión que impida que nos vuelvan a pasar cosas como las que nos han sucedido en nuestro reciente pasado. Y aunque sea una modesta sociedad anónima deportiva, creo que tenemos recursos de sobra y hemos aprendido a base de palos para saber cuándo alguien nos quiere ayudar o estafar.

Que no nos estafen más. El fútbol, a pesar del dinero, de las sociedades interpuestas, los fondos de inversión y demás mierda, sigue siendo el último reducto donde expresar nuestras emociones. El fútbol y los equipos siguen siendo de la gente. Me da igual lo que pone en los papeles. Sin afición, sin apoyo social, un equipo no tiene alma.

El Racing sigue teniendo alma. Por eso, y a pesar de todo, sigue vivo. Más vivo que nunca

Fuente de la imagen: El Diario Montañés.

Juristas Desencadenados, 2016.