Poscampaña y Ferraz: o cómo ser Pedro Sánchez y no morir en el intento

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Por Manuel Cobo.

La precampaña, tras la primera legislatura sin lograr formar Gobierno de nuestra democracia del 78, se ha hecho muy pesada. La campaña por extensión añade un mayor plus de hartazgo viniendo de donde venimos. Pero lo que me preocupa y me aterra de verdad es la poscampaña. Es ahí donde está la clave. En el tiempo de formar un ejecutivo y de que los partidos aparquen sus eslóganes y frases hechas.

En la fallida, breve (aunque a la vez eterna) y esperpéntica legislatura que hemos vivido sin que hubiera nuevo Gobierno, lo que ha faltado ha sido precisamente desconectar el modo poscampaña.

En un ejercicio de fe casi suicida, creo que los políticos de las distintas fuerzas parlamentarias se darán cuenta del panorama ante el que se encuentran. Y del papelón y ridículo histórico que harían si provocasen unas terceras elecciones sin haber conseguido entenderse.

La única novedad, si atendemos a la tendencia que apuntan las encuestas, es que la llave de un posible Gobierno la va a tener el PSOE. Los programas de unos y otros ya son conocidos, sus discursos también; pero son los socialistas los que tendrían que hablar claro, ya sea antes o después de las elecciones, sobre que decisión van a tomar. En algún momento deberán pasar de las palabras a los hechos.

El cambio es su leitmotiv. Siendo consecuentes con ese ansiado cambio, lo lógico sería pactar con Unidos Podemos. Sin embargo, desde dentro del partido del puño y la rosa y sus satélites (saludos a Cebrián) no lo ven con buenos ojos por variados motivos. Estratégicamente para los socialistas todo dependerá de si finalmente se cumple lo pronosticado y la confluencia que encabeza Pablo Iglesias y, en un segundo plano que quiere ser primero, Alberto Garzón, consigue finalmente ese tan cacareado sorpasso.

Si es así, y el partido que lidera es un decir Pedro Sánchez se convierte en la tercera fuerza del país, sería un suicidio político que aceptara ese pacto de izquierdas. No para la carrera de Pedro Sánchez, que conseguiría una vicepresidencia probablemente, pero sí para los de Ferraz.

Pero esto no deja de ser vaticinios de un oráculo que siempre o casi siempre se equivoca.

No hay que olvidar que ese posible pacto tiene dos escollos muy duros. Por un lado el pacto con Ciudadanos que arrastra de la legislatura pasada y por el otro, y este sí que es un obstáculo difícilmente salvable para un partido que se denomina a sí mismo constitucionalista, la promesa de permitir un referéndum en Cataluña sobre la independencia que recoge la confluencia Unidos Podemos.

Y tras el único debate a cuatro de la campaña, todo ha seguido en el aire. Con insinuaciones de gran coalición, de pacto de izquierdas y más rumorología que confunde y aturde más al votante indeciso.

¿Sería mucho pedir para el ciudadano saber que pactos estarían dispuestos a realizar y cuáles no? Supongo que sí. Una frase que me llamó la atención del intento de debate del otro día fue una pronunciada por Pablo Iglesias: “En una negociación no hay líneas rojas” Yo creo que sí. Pero en todo caso, parece una invitación de la pujante formación morada, para la que incluso el tema del referéndum podría ser negociable. Yo, al menos ahí, veo un guiño. Guiño que por cierto, no sé si vio el que tenía que verlo.

En todo caso, la mayoría de analistas y también el observador medio sabe que la pelota se encuentra en el tejado de Ferraz y da la sensación de que a Pedro Sánchez (vaya época para ser secretario general elegiste, muchacho) empieza a picarle el traje, y también la de que su careta de calculada ambigüedad se le puede caer en cualquier momento empieza a ser palpable. Incluso puede que ya se le haya caído. Los Jordi Sevilla y demás barones con ansias de liderazgo y/o poder supongo que tampoco ayudan.

Si hay un político que no me gustaría ser ahora mismo es el candidato socialista. Su futuro está más en el alambre que nunca. No es una decisión sencilla. Ni tiene contrincantes sencillos. Ni a la derecha ni sobre todo a la izquierda. Ese que le susurra aquello de “no soy tu adversario, Pedro”.

Más que una china en el zapato, lo que puede suponer para el fotogénico socialista este fenómeno político, no suficientemente analizado como merece viendo su éxito, es una rama de un árbol estampándose en su cara. Metáfora visual que los votantes, militantes y dirigentes del PSOE no querrán que se convierta en profética. ¿O igual sí?

De momento, creo que Susana Díaz ya se ha puesto el peto para salir a calentar.

Fuente de la imagen: El Confidencial.

Juristas Desencadenados, 2016.

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