Cantabria: la novena provincia andaluza

cantabriayole

Por Manuel Cobo.

Es algo ya común y habitual. La Feria de Abril se celebra en Sarón, Solares y otras localidades. Y en la Semana Grande de Santander los trajes de faralaes, los rebujitos, las sevillanas y demás folclore andaluz forma parte del paisaje y paisanaje. Vaya por delante que no tengo nada en contra de la tierra de Antonio Machado. Al contrario. Me gusta conocer e incluso celebrar tradiciones de otros lugares. Lo que llevo peor es asumir como propia la cultura de otro lugar, si además viene aparejada un desprecio a lo propio.

Solo en Cantabria se puede suscitar un debate sobre una bandera como el lábaro. ¿Os imagináis las mismas críticas sobre la incompatibilidad de ambas banderas en las comunidades limítrofes del norte? Yo tampoco.

Solo aquí, decir que hay que apoyar a los bolos o ir con albarcas y traje montañés puede acarrear que otro paisano te llame paleto, aldeano o epíteto semejante. Bailar ‘La Macarena’ en Puertochico, en cambio, es sinónimo de modernidad y buen gusto.

Confieso que no entiendo este fenómeno de autoflagelación y sentimiento de vergüenza por las tradiciones cántabras que sienten no pocos habitantes de La Montaña. Algo se estará haciendo mal. Sentirse orgulloso de ser pasiego, meracho, campurriano, castreño, pejino o de cualquier otra maravillosa localidad de nuestra comunidad no está reñido con bailar sevillanas. Claro que no. Pero la danza de Ibio también merece su sitio. Mucho más sitio. Y eso no es abundar en nacionalismos excluyentes. Irrelevante políticamente hablando en número de votos y presencia pública.

No pasa nada porque de vez en cuando se vea una banderola blanca y roja enorme presidiendo alguna rotonda de la capital. Un lábaro ya supongo que es mucho pedir. No nos hace menos españoles. No da alergia. Incluso se puede poner a Benito por la megafonía cantando. Tampoco pasa nada. Nadie va a votar más a un partido o a otro por semejante acto transgresor.

Abrazar sin temor lo que somos no debería verse como algo extraño en determinados sectores de la sociedad santanderina. Por poner un ejemplo.

La única manera de quitar ciertos complejos es así. Con naturalidad. Rindiendo homenaje a nuestro pasado y de vez en cuando intercalando una canción de Camarón a ‘La Fuente de Cacho’. Porque nuestros hermanos andaluces nos quieren y es una de las comunidades donde más cántabros residen. Esa en la que tantos jándalos hicieron fortuna. Y nuestros ases del bolo palma: Salmón, Óscar y compañía seguirán yendo al Torneo de Cádiz; pero tampoco hace falta que nos convirtamos de facto en la novena provincia de Andalucía.

Juristas Desencadenados, 2016.

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