Un monstruo viene a aburrirme

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Por Manuel Cobo.

Advierto al lector que esta crítica puede estar contaminada por la agotadora promoción a la que la película que analizo se ha visto sometida. Ese aparato propagandístico de Telecinco ha podido influir en que la cogiera manía antes de verla. Ha habido un momento en estas semanas en que incluso las superproducciones de Marvel o DC parecían cine independiente al lado de semejante campaña. No obstante, y a pesar de la advertencia, intento destripar lo que me ha parecido la cinta, separándola del ruido generado a su alrededor antes del estreno en salas. Vamos a ello:

Juan Antonio Bayona había filmado anteriormente un gran debut con El orfanato y luego vino Lo imposible. Su ópera prima era una película atmosférica con ecos procedentes de Arenas de Iguña entre otras influencias. El cinéfilo de retinas desgastadas podía intuir que detrás de la cámara se encontraba un artesano. Un cineasta de género.

Con su segunda obra llegó el bombazo. El tsunami que inundó la taquilla y también los Goya. Un espectáculo visceral de supervivencia. Un entretenimiento y sufrimiento familiar digno de aplauso, pese a la escasa profundidad de su libreto. El cineasta catalán se situaba como un nuevo buque insignia de nuestro cine. Y recordaba también a sus compañeros de gremio que es posible emprender grandes proyectos con repartos internacionales. Algo que desde Amenábar parecía casi olvidado.

Ahora nos ocupa un monstruo. De nuevo, gran presupuesto, reparto internacional y efectos de primera para contar una historia sencilla. Nada que decir sobre esa combinación, puesto que en muchas ocasiones es la ganadora.

Sin embargo, durante el visionado tuve la sensación de que se repetían situaciones, que había excesivo subrayado y que, en general, la metáfora se podía visualizar a kilómetros de distancia. Lo suelto ya: el guion es muy pobre. No está acorde al resto de aspectos artísticos y técnicos. Y Bayona tampoco sabe disimularlo.

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«Juan Antonio Bayona, no es fácil ser tú».

Además, a pesar de ser una historia emotiva —busca la lágrima fácil sin rubor, hay demasiados tiempos muertos y faltan elipsis—, resulta un tanto fría. Quizás sea la factura anglosajona lo que contribuya a esa frialdad, que al menos yo intuí. Los actores cumplen sin más. Toby Kebbell aparece con cara de estar aún rumiando el fiasco de su Doctor Muerte en el reboot fallido de la ya de por sí fallida saga de Cuatro Fantásticos. El mejor intérprete para mi sorpresa fue el niño, Lewis MacDougall.

Y otra cosa que no puedo resistirme a comentar es la siguiente: el monstruo es un brasas. Sus historias para ayudar a elaborar el duelo al niño me aburrieron soberanamente. Por momentos pensé que era un psicólogo argentino, con perdón. Quizás es que soy un insensible o me pilló en un mal día.

El caso es que esta película sobre el poder de curación de la ficción o la imaginación como lugar donde refugiarnos de la cruel realidad ya se ha hecho en varias ocasiones hace no mucho. Donde viven los monstruos, de Spike Jonze, o El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, son superiores a esta cinta en ese ejercicio.

De todas formas, hay que seguir la pista de este pequeño y ambicioso cineasta porque pertenece a esa generación de realizadores españoles interesantes que no tienen miedo a emprender proyectos internacionales, como Paco Cabezas o nuestro paisano Nacho Vigalondo, entre otros. Veremos si el encargo jurásico de Spielberg le hace seguir creciendo como artista.

Ahora bien, si Liam Neeson lleno de ramas me obliga a decir que es lo que más me ha gustado de la filmografía de este director, me quedaría sin atisbo de duda con el piloto de Penny Dreadful.

Bayona no es ese genio que algunos nos han querido vender. No es Spielberg (ni Zemeckis, ni siquiera Abrams). No creo que se encuentre ni siquiera en el top 5 de directores españoles actuales. Y, desde luego, de esta última remesa de cine español, prefiero antes a hombres de mil caras, tardes de ira, Julietas e incluso olivos a monstruos de este tipo. Es lo bueno del cine. Toda obra artística está sujeta a debate y discusión. Lo importante es que te guste (o no) a ti.

Efectivamente, un monstruo viene a vernos. Lo hace cada vez que tenemos la desgracia de caer en cualquiera de los canales de Mediaset.

Fuente de las imágenes: Periodista Digital y Jot Down.

Juristas Desencadenados, 2016.

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